
¿Qué es el «malestar humano»?
A qué hace referencia el término «malestar humano».
Cuando me refiero al “malestar humano” hablo de todas esas sensaciones, ideas y comportamientos displacenteros en general y presentes en cualquier momento de nuestras vidas, que se manifiestan en sus múltiples y variadas formas ya sean físicas y/o psicológicas y que aparecen en sus diferentes niveles de intensidad y duración. Cada uno de nosotros vive sus propios malestares y eso normalmente no es sinónimo de psicopatología, de hecho, lo es mucho menos de lo que creemos.
Lo que caracteriza la existencia humana no es la felicidad, la plenitud, la realización, el bienestar, la satisfacción, etc. Estos son los objetivos vitales en los que nos afanamos a lo largo de nuestra vida porque precisamente carecemos de esas condiciones innatas. Lo que impulsa nuestro deseo es la carencia, la falta, no la posesión, porque sólo se puede desear lo que no se tiene. Por eso nuestra existencia es una continua búsqueda de lo que creemos que nos hará felices, y por tanto una búsqueda inalcanzable. Si no fuese así…¿Qué seguiríamos buscando, que nos motivaría, hacía donde nos moveríamos, que trataríamos de conseguir?
¿Esto que quiere decir? Que el malestar humano es consustancial con su existencia, es universal e inevitable. Forma parte de la condición humana porque paradójicamente es la carencia, la falta lo que nos empuja a desear y buscar algo pero no sin la existencia de éste malestar. ¿Os habéis fijado en la construcción de la palabra … mal-estar?
No obstante, si lo pensamos con detenimiento este malestar humano es un pozo de conocimientos e intuiciones sobre nosotros mismos, de nuestro dolor y nuestras dificultades y por tanto de nuestras posibilidades de afrontarlo y aliviarlo. Todos sabemos que la sabiduría siempre se ha asociado al anciano, a la persona que ha vivido mucho aunque en éstos momentos la vejez esté muy devaluada.
El crecimiento detrás del malestar
Con frecuencia, los peores momentos de nuestra vida son los que nos llevan a entender nuestra valía. Es como si adquiriéramos consciencia de nosotros mismos a través de un puente entre todo lo que ha sucedido y todo lo que sucederá. Nuestras experiencias dolorosas nos pueden proporcionar perspectiva, conocimiento, experiencia y la oportunidad de encontrar algún objetivo diferente y mejor. Si hay una sombra eso quiere decir que está provocada por una luz y si hay una luz se producirá una sombra.
No obstante, para adquirir éste conocimiento es necesario asumir la responsabilidad de los sentimientos, de lo que nos duele, nos molesta, nos enfada para dejar de reprimirlos, de evitarlos y de culpar de ellos a los demás. Si responsabilizamos a los demás de nuestra infelicidad estaremos sintiéndonos como unas víctimas y, por tanto, como alguien que no tiene responsabilidad sobre su propia existencia.
También es cierto que es mucho más fácil y cómodo hacer responsable de nuestro dolor a alguien o a algo que asumir la responsabilidad de poner fin a nuestro propio victimismo. Creo que una buena definición de víctima puede ser la de alguien que pone el foco exclusivamente fuera de sí, que busca en el exterior a otra persona a quien culpar de sus circunstancias actuales, que cree que determina sus objetivos vitales, su destino o su valía personal. Alguien que queda fijado “en lo que es” por culpa de otro y no “en lo que puede hacer” por si mismo.
La mayor prisión está en la propia mente y uno tiene la llave en el bolsillo. Voy a acabar con unas palabras de Victor Frankl que como sabéis fue un psiquiatra y filósofo judío superviviente de los campos de concentración nazis: “la búsqueda por parte del hombre del sentido de la vida constituye una fuerza primaria. Este sentido es único y específico en cuanto que es uno mismo y uno sólo quien tiene que encontrarlo. Únicamente así logra alcanzar su propia voluntad de sentido. Cuando renunciamos a asumir la responsabilidad por nosotros mismos, estamos renunciando a nuestra capacidad de crear y descubrir sentido.”
Mi trabajo como psicóloga se fundamenta en éste concepto del malestar humano y en las posibilidades que tenemos cada uno de nosotros de afrontarlo. Mi trabajo terapéutico es ayudarte a asumir la responsabilidad de lo que éstas viviendo y de lo que puedes hacer por ti mismo.

