
¿Qué hacemos con la ansiedad?
Es normal que determinadas situaciones en la vida nos produzcan inquietud, intranquilidad, preocupación… (entrevista de trabajo, tomar una decisión relevante, conflicto laboral, afrontar un diagnóstico médico…). Seguro que hay multitud de situaciones cotidianas que cada uno de nosotros puede añadir y multitud de palabras que podrían describir esa sensación interior de malestar.
En otras épocas hablábamos de nervios, de estrés… en la actualidad hablamos de ansiedad. Parece que todo es “ansiedad”.
Como es lógico ésta inquietud psicológica va acompañada de las correspondientes manifestaciones físicas normales. Nuestro cuerpo no tiene la misma actividad fisiológica cuando se encuentra en una situación de placer que en una situación de temor.
Qué es la ansiedad
Es un mecanismo de supervivencia que nos proporciona un nivel de alerta y atención extra ante éste tipo de situaciones que son novedosas e inciertas. Si no tuviéramos miedo ¿cómo reaccionaríamos ante algo peligroso o desconocido?
Es una respuesta útil y necesaria que no conviene eliminar y que por otro lado tampoco se puede eliminar porque forma parte de nuestra capacidad de aprendizaje y de adaptación a los continuos cambios vitales.
Todos tenemos recursos para afrontar situaciones que nos provocan “ansiedad”, al igual que la mayoría de las personas podemos andar. Y está claro que cada uno tiene su propio desarrollo corporal, su edad, su ritmo, su habilidad, su expectativa…
La ansiedad en nuestros días
Vivimos en una sociedad que busca respuestas fáciles e inmediatas a todo lo humano y esa dinámica nos impide darnos un tiempo para pensar en lo que estamos viviendo para encontrar alguna respuesta personal. Y esto no se encuentra en Dr. Google, ni en la IA ni en otros medios digitales, aunque la que escribe esto esté utilizando éstos mismos medios. Lo personal, lo que cada uno vivimos sólo está en nuestro interior.
Estamos en una sociedad hedonista que intenta eliminar todo lo que produce dolor, frustración, insatisfacción… Y vivimos en una sociedad muy medicalizada que promueve la ingesta de una pastilla para reducir y eliminar en el menor tiempo posible esa situación de preocupación y malestar. Es un recurso rápido y cómodo…España es el país del mundo que más ansiolíticos e hipnosedantes receta y consume.
La utilización de ésta solución medica rápida y fácil nos puede convertir en adictos a los ansiolíticos. Muchas personas que los utilizan tienden a pensar que no saldrán adelante sin la medicalización y recurren a ella ante cualquier situación de ansiedad y preocupación. Paradójicamente el uso de los ansiolíticos nos impide comprobar de lo que somos capaces de hacer por nosotros mismos y “como la pescadilla que se muerde la cola” optamos por el medicamento en la creencia de que por nosotros mismos no seremos capaces de seguir adelante.
Por otro lado cada vez contamos con menos relaciones cercanas para compartir nuestros problemas y aliviar nuestras congojas. Es frecuente oir “la gente no quiere escuchar problemas”, “están a otro rollo”… De forma progresiva cada vez disponemos de una comunicación más reducida en tiempo y calidad. Otra cosa es que estemos continuamente conectados digitalmente con otras personas y tengamos muchos seguidores.
En éstas circunstancias la psicología proporciona un espacio seguro, cálido y de confianza en el que las personas se puedan tomar su tiempo para pensar en lo que estén viviendo acompañadas de una profesional que les ayude a tomar conciencia y encontrar sentido a lo vivido.

